Vough

No esperes encontrar ni salir de acá con algo de utilidad.

El sentimiento del soldado

A pesar que el soldado sintiera la ignominia frente a su imperio por perder la guerra frente a los invasores, un buen emperador no permitiría que se socavara la vulnerable moralidad de su ejército ni de sus ciudadanos. No hay que especular sobre su personalidad, porque es claro que lo hace para que su nación prevalezca y se fructifique tras sus derrotas y victorias. La brisa del cielo es testamento intangible y eterno de todas sus transiciones; su inicio, su momento de convulsión y su muerte. Todos los imperios que amanecen y brillan al alba suelen alcanzar un crepúsculo silencioso donde empiezan a caer y disolverse; los imperios son cíclicos. Y el gobernador dentro de cada uno también lo sabe, inconscientemente. Es tarea y virtud de cada uno lograr articularlo en el pensamiento para adueñarse, sensibilizarse, desarrollarlo como trato de uno. Siento que cada uno tiene su soldado que siente su ignominia frente a una razón que nos habla, como un dictador con su narrativa totalitaria, que no permite peros ni grises, ni zonas de reflexión, no momentos de humildad y sentimientos. Siento que el sentimiento es fundamento de esta vergüenza, parte creo de una veta no del todo desarrollada de nuestra razón, de nuestra inteligencia empática, de nuestras habilidades de socializar. Es claro que el sentimiento es una herramienta poderosa, y ese poder, en particular, me genera miedo. Y es un miedo no hacia el enemigo, sino hacia a la persona que con más afecto acojo en el recoveco más recóndito de mi cerebro. No quisiera perderla, no quisiera que se moleste. De hecho, con este poder quisiera demostrarle que, como mi propio soldado, no me genera sensaciones ignominiosas sentir estas cosas por él, y que con este poder esperaría poder ser recíprocamente respondido. Y sería la primera vez que el sentimiento doblegaría a mi emperador.

La persistencia y el lenguaje

Solo creo que si Macondo fue la aldea de veinte casas de barro y cañabrava ideada por García Márquez, en la que el tiempo tan remoto hacía que muchas cosas carecieran de nombre, de forma que para nombrarlas había que señalarlas con el dedo, seguramente las emociones más profundas y los sentimientos más recónditos no tuvieran forma de verbalizarse; mas no se ignoraría la certeza de que esas sensaciones claramente son inescindibles, por más que ni siquiera se las pudiera llamar por un nombre. Me pregunto incluso, hasta en la actualidad, qué significarán esos momentos de escozor interno que no podemos nombrar, ni siquiera de forma simbólica. ¿Qué hay en la angustia, por ejemplo, de eso que no podemos explicar pero nos llena de cólera, de hastío y de cansancio emocional? ¿Qué explicación encontramos para la empatía que, sin racionalizar, nos brotan las lágrimas o se nos pone la piel anserina ante situaciones indignas? ¿Qué palabras encontramos ante la persona que nos remueve el apetito, nos hace olvidar la realidad y nos transporta al reino del ensueño, bajo el concepto del amor? ¿Podrían los aldeanos de Macondo, o la familia Buendía, acuñar las palabras que faciliten el reconocimiento de esas sensaciones que, como microorganismos, invaden y colonizan la mente, o algo más profundo también (que, irónicamente, tampoco sé cómo identificar)? ¿Será la muerte, el hambre, el sexo o el sueño lo que resignifique la vida, o es la inefabilidad del sentimiento lo que se inmiscuye en la búsqueda del sentido? ¿O es todo intento fútil? ¿Es la concatenación de palabras un intento inútil de controlar el amor? ¿En el impulso innato está la respuesta? ¿O en la otredad de la persona que, innominada, transforma el mundo en otro lugar cada nuevo día?

Pensamientos

¿Cuál será el pensamiento del soldado que, inerme, se enfrenta a su enemigo, encuadrado en vaivenes emocionales internos y la lucha por su reconocimiento? ¿Será esa la misma reflexión, bastante irreflexiva a mi parecer, de las sensaciones burbujeantes que me remueven el estómago y me cosquillean el epigastrio desde que decidí navegar en esta última travesía? No por nada, y creo en sí que justificadamente, me traduce que las razones de estas experiencias son las correctas para mí. Ver a la persona que escucha y considera la palabra, cual lector a su cuento, cual narrador a su historia, cual intérprete a su música, despierta en mí la máxima responsabilidad y compromiso. Su subjetividad toda entera a disposición mía, a mi interpretación toda, lo más racional que pueda. ¿Será esa la imagen del náufrago; que, tras días de supervivencia, famélico, alucinando, observa al horizonte el fragmento linear de tierra que sus ojos delirantes permiten avistar; la imagen de mi pensamiento frente a la asistencia de aquél, de él, de ella? Sean vaivenes emocionales o delirios visuales o la experiencia somatosensorial que fuere, hay algo del todo esto, de todo eso y de todo lo que vivo, que parece ser lo correcto. Creo que tiene que ver con cierta plenitud, con cierto fulgor rebosante que siento en mi interior, que asciende y desciende levemente con la respiración. ¿Será el sueño? ¿Ensueño de niño? Sueño que con fragor, resonante e impávido se presenta a cada minuto, cada vez con más fuerza. Lo último de todo, si bien parece ser lo primero de todo, ¿será que el soldado, o el náufrago, o el intérprete, o el narrador, o el lector, o vos, o yo, sintamos esa sensación, ese amor por lo inefable de la historia, por lo imprescriptible de la palabra y por lo eterno de la vida?

Retorno

La palabra de delirio

que sosiega mi zozobra

es tu imagen cual colirio

y para dios sea tu obra


El delirio de palabra

que atormenta tu locura

es espejo que entreabra

una puerta a la tortura

D.-

 

The imagination.

It wasn’t the last night the knight had fallen asleep knowingly of his brutal actions. Killing his sagacious enemies , decapitating their heads with one nifty slice of his arthurian long sword. Sparkling blood splattered over his hands as their dead corpses falled, one by one; their last bow to the champion who conquered their souls. It wasn’t until that unanimous night, that the knight lived unknowingly of who Death was. Death made its appearance in his room, however the knight was sleeping. Dreaming a dream about Death and his hazardous exploits and feats, reminiscing about the innocence that was lost due to his very own actions. submerging in woe, because this wasn’t his choice. Death approached the bed the knight was laying on, deep in dreaming. Distilling light, Death was like nothing that was represented or described before. A good thing is that Death was pretty much indescribable that very unwholly night. The knight, remained sleeping, and he was a charm to the eyes, almost hypnotizing. Death stared unwittingly for longer than it could remember for. The scene made the knight look candid, almost naïve and blameless for the horrors he has caused. Death saw life in the knight, and the very same death he caused along the kingdom. The blood in his hand had coagulated and it was unbearably cold, but it wasn’t an impediment for the knight to sleep unknowingly of his fate. Death walked closer towards the knight, and the knight continued dreaming his dream, perceiving Death clearer. The knight held Death aloft to inspect it closer, he saw, under the traslucent glowing veil, two shining eyes. Eyes that looked right back at him. The knight looked back, and tried to figure out something more aside the eyes of Death, but couldn’t notice nothing more. He suddenly felt the most intense feeling of affliction he ever felt. He noticed Death’s eyes were shedding tears. And Death, seeing the knight sleeping, held him aloft to inspect him closer. And it saw the knight’s dream. A dream that Death never knew of before. Death, baffled and confused, put the knight back down, laying in his bed. And Death saw the knight’s tears. Tears that Death caused him. There was no moon that unanimous night, and not a single one ever rested its moonlight upon the knight and the Death nevermore.

Caída.

Entendí por fin que el amor se consumió totalmente. Mi pedido de muerte se materializa en mi mente, a pesar de haber muerto con tu partida. Es inútil cada intento para entristecerme, ¿verdad? Pues queda el vacío eterno, solemne, implacable. Era la perfección, y con tu reinado lograbas doblegarme y poner de rodillas mi dignidad íntegra. Jamás imaginé que tu mirada me hiciera tanta falta, tampoco la forma en cómo se desvaneció nuestro contacto. Tú, con la resiliencia a flor de piel, has vivido lo suficiente para acorazar el corazón. Mientras que mi corazón ya acorazado por el abuso de la vida ha logrado sangrar una vez más. Es impresionante cuánta desesperación el ser humano puede sentir, cuando no existen culpas, cuando no hay justificación para odiarse, cuando prima el respeto, fundado en el amor, y por ser puro amor, debe terminarse. No existe ningún recoveco de maldad en ti, me has demostrado tu inabarcable gentileza conmigo, cuando toda mi vida solo supe sobre decepción, en relaciones tóxicas, en personas con otros fines, pensando que vivía al margen de la existencia, por fuera de la línea que demarca la realidad. Tú potenciaste mi pobre escritura, me has desvelado, me has cautivado, me has destrozado sin hacer nada, me has enamorado hasta la médula. Podrá comenzar otra guerra mundial, podrán colapsar todos los gobiernos democráticos, podrá morirse cada poeta de la faz de la tierra, pero jamás podrá este amor dejar de sublimarme entero, jamás podrá este amor dejar de recordarme por qué me he enloquecido tan cínicamente por ti, jamás podrá este amor dejar de incrementarse con cada segundo, con cada latido, con cada instante de mi efímera vida, de mi fútil existencia, de mi finita persona, que pienso y pienso en ti.

Experiencia relatada en prosa.

La experiencia en cuanto a mi auto-descubrimiento es, metafóricamente, un ininterrumpido proceso espaciotemporal que se hibrida con cada segundo de mi vida, se amalgama con mi personalidad y termina matizando mi persona; forma parte del cincel que determina mi escultura interna y completa parcialmente la respuesta de la pregunta: «¿quién soy?»
Hace un año y siete días, particularmente en la fecha de mi nacimiento, decidí anunciar públicamente mi orientación sexual en las redes sociales. Fue premeditado y analizado meticulosamente, sabiendo a consciencia que mucha gente tendría acceso a esa información oculta. Afortunadamente tengo el placer de decir que no me arrepiento, mas con esto no quiero decir que afronté todos mis miedos con respecto al tema; es más, de forma casi inusitada, surgieron más preguntas y más inquietudes respecto de mí. De ser franco, sigue sin gustarme hablar de mi sexualidad con gente allegada que desconoce aún mi situación, y considero que esto no está mal. Siento que a pesar de haber sido capaz de dar ese gran paso, que fue abrirme hacia la sociedad de forma virtual, no sentirme preparado para afrontarlo con, principalmente, familiares, y después con compañeros de la universidad u otros conocidos, forma parte de mi proceso de auto-descubrimiento.
Creo que las personas somos indefinibles, debido a nuestra volubilidad constante, cambios espontáneos y dinamismos en un sistema en equilibrio como es el ser humano. Así como nuestra fisiología no es la misma cada momento, tampoco lo es nuestra sexualidad y nuestro entendimiento de ella; creo que los miedos inherentes de este hecho son comunes y normales. Auto-descubrirse y conocerse es un proceso fascinante y que, en efecto, causa miedo en cualquier individuo racional, entendiendo por esto que jamás podremos dar con una respuesta certera a la pregunta «¿quiénes somos?»
Esto explica mi metáfora construida al inicio de esta palabrería, en que considero que conocerse a sí mismo implica un estado consciente, racional, de uno mismo en todo momento y en todo espacio. La sexualidad depende de, digámosle, infinitos factores, si se quiere decir, y por esto es difícil realmente definirse de cierta forma que concuerde con lo que verdaderamente sentimos, porque esto que sentimos no es siempre lo mismo en todo momento y en todo espacio.
Con este texto solo quiero dejar ese mensaje. Descubrir la sexualidad de uno mismo es un camino que atraviesa longitudinalmente la vida de una persona, sentir miedos respecto a ello, no comprender, confundirse y sentirse, de a momentos, agobiados es común a todos los que pasamos por la experiencia de no pertenecer al status quo.
A pesar de haber pasado un año y siete días, sigo sin hablarlo con gran cantidad de familiares sumamente allegados a mí, a pesar de haberlo expresado frente a un público que no es tan allegado a mí. Forma parte de mi proceso de auto-descubrimiento haberlo hecho de este modo, y creo que no existen mejores ni peores maneras de manejar las situaciones que incumben a cada individuo. Es la manera en que más cómodo me he sentido de poder expresarme, y es tan válido como cualquier otro método que puedan las personas utilizar. Las experiencias llegan a ser inconmensurables en el sentido que, como ninguna sexualidad, de por sí, es la misma, ninguna experiencia podrá compararse entendiendo que las sexualidades de las personas son dimensiones dinámicas de los individuos enmarcados dentro del contexto socioeconómico y cultural.
Con esto puede darse a entender, quizás, que mi experiencia no puede ser tomada de referencia, pero sé que mi razonamiento no es muy ajeno a lo que verdaderamente ocurre en la mayoría de las ocasiones. De las ocasiones de las personas que auto-descubren su sexualidad y desean expresarlo con las personas. Espero ser lo suficientemente valiente para contarle a mi familia, a mis compañeros y a toda persona que crea que merece saber de mí, porque no solo restrinjo mi experiencia con el mundo, sino que, recíprocamente, restrinjo la experiencia del mundo conmigo.

Enamoramiento.

No habrá día que tu pelo no me recuerde lo radiante de vivir. Tu voz diáfana, tranquilizante. Sutilmente me aherrojas al hablarme, aún con la escritura escrita, la tinta virtual que raya la inexistencia de su realidad. La relación que nos une es tan real, como esta tinta con la que escribo esto, pero su verdadera condición no es comprobable; no sabré jamás si es verdad, hasta que el tacto nos conecte. El temor y la inseguridad atentan con la clara seguridad con la que mis sentimientos me arrean. El pensamiento fútil de las insignificantes variables, que jamás importarán si supiera que sucede lo mismo en ti. Que sucede el insomnio inestable, ansiedad por la respuesta y nerviosismo por el juicio que poseo de nosotros. Mi inconstante estabilidad colisiona con mis sueños, con mis capacidades, que pretenden ser enormes empresas que lo logren todo, que admiran la posibilidad de vivir en el mundo contigo y que nunca atentarían ni intentarían distanciarse de ti. Leo las letras de tu letra, de tu mensaje poco evidente, de la comunicación aplacada por la impaciencia y la fortuna de situarnos en la cima del monte y lo profundo de la cueva a cada uno, y en esta cueva respiro humedad. Mi corazón, recalcitrante intérprete; que me condena, que planifica mi muerte silente, desde el inicio; que no recapacita de las condiciones para de verdad amar; que suavemente deposita mi desesperación en mis vasos con el ímpetu que me abarque todo.

Words weren’t written.

To show the love or anticipating death. To become the smoke whose reflection in the mirror was unclear. The mirror, confused ontologically, couldn’t decipher the main assets, or characteristics, of the own essence of the words. They remained lonely without anyone who would understand them. They knew how different they were to the people, reckless enough, to partake in a night with them. They felt segregated from their own language, their own womb were the beginning and the end have no concept. Were if being written or not is not a worthwhile distinction to assume, as they both blend into nuances impossible to distinguish. Like satisfaction, pleasure and love. Concepts close enough like numbers that approximate but never touch seemingly, as people hug and the warmth of the skin unleashes a sudden flow of emotions of all kinds. Emotions that, juxtaposed, contradicting themselves, like fear to loss and calmness to be in the infinite moment with the other one, the other concept. People usually forget the importance of remembering how we are a bunch of syntactical concepts. Images creatively created by our own organisms, which become one of us, they become internal to us, inextricable parts of us. Looking for love, or fear, or red, or another mirror, will only expose us to more concepts, diversly diverging, writting ourselves, more profoundly, in this life made of words.

To the snow.

And, otherwise, it was an obnoxiously conspicuous answer. So I just opened the door and went out despite the snow. As Lenore was standing outside, facing her back to me, I watched how her scarf was bouncing in the air, catching solitary iridescent snowflakes, telling tales of cold days, as the time passed by. Her vest was swinging to the rythm of air. Somehow, I felt she was feeling cold, she was not wearing as cozy clothes as she should have. My  eyes photographed the instant, making it infinite: how the sun’s refracted light went through the snowflakes as they fell, revealing its real identity, uncovering the true colours which were hidden to the offended. Lenore standing still, not mumbling thoughts, but channeling the sadness contained hither. She knew it, all of it. Furthermore, she did not need to comfort, as in regards to what was happening it was pointless. Photographing moments, events, birthday partys, career graduations, somehow feels to me that paints them with melancholy and self-conciousness of fleetingness and ephemerality, remorse, nostalgia and a bit of sadness regarding to what has been lost and is, as a matter of fact, irreplaceable and irreproducible. This moment was one of those. Ironically enough, by this point my own story narrator was sweating heavily despite being in the snow. Lenore has a quintessential soul among my acquaintances. She utterly managed to read me completely from head to toes, and as I was there, underneath the snow, I knew we had more than a connection. An unusual blue bird perched himself on a branch of a nearby strong willow. His sight was drawn to the scene he fortunately encountered in the backyard of Lenore’s. He was witnessing how victims of their own posession could continue to survive in the path of life together, striving and thriving. My heart abruptly stopped for two seconds or seven hours when the scarf of Lenore unwrapped itself off Lenore’s neck and came flying towards me. As I catched the scarf with my left hand up in the cold snowy air, she began to turn herself to me. As hard as I tried to keep looking, the snow was falling so brutally heavy I could not see, with no space and time proportions for it to happen. The sun shone as bright as never before. It felt surreal, I was blinded and just photographed the instant once more.

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