Enamoramiento.

por Vough

No habrá día que tu pelo no me recuerde lo radiante de vivir. Tu voz diáfana, tranquilizante. Sutilmente me aherrojas al hablarme, aún con la escritura escrita, la tinta virtual que raya la inexistencia de su realidad. La relación que nos une es tan real, como esta tinta con la que escribo esto, pero su verdadera condición no es comprobable; no sabré jamás si es verdad, hasta que el tacto nos conecte. El temor y la inseguridad atentan con la clara seguridad con la que mis sentimientos me arrean. El pensamiento fútil de las insignificantes variables, que jamás importarán si supiera que sucede lo mismo en ti. Que sucede el insomnio inestable, ansiedad por la respuesta y nerviosismo por el juicio que poseo de nosotros. Mi inconstante estabilidad colisiona con mis sueños, con mis capacidades, que pretenden ser enormes empresas que lo logren todo, que admiran la posibilidad de vivir en el mundo contigo y que nunca atentarían ni intentarían distanciarse de ti. Leo las letras de tu letra, de tu mensaje poco evidente, de la comunicación aplacada por la impaciencia y la fortuna de situarnos en la cima del monte y lo profundo de la cueva a cada uno, y en esta cueva respiro humedad. Mi corazón, recalcitrante intérprete; que me condena, que planifica mi muerte silente, desde el inicio; que no recapacita de las condiciones para de verdad amar; que suavemente deposita mi desesperación en mis vasos con el ímpetu que me abarque todo.

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