El bandoneón.

por Vough

El bandoneón marcó el tiempo que el reloj invisible del oscuro salón, olvidado de tangos, amores y éxtasis, indicó como 22:34. Agujas que controlan la depresión humana y dictaminan documentos legales, que abogados y funerarias se regocijan ante un rédito que les servirá en su tiempo off. A pesar de la confusión, y de la pocas luces encendidas en el oscuro salón, Francesco conservaba limpia e impía su clara mente, cuyos objetivos avistaba desde su entrada al oscuro salón. El bandoneón resonaba en el aire y el amor cimbraba los vidrios de ventanas y de copas. El instante infinito en que sucumbió el poder de realización, no solo logró estremecer a Francesco, sino que la mayoría de los presentes en el oscuro salón se retiraron a sus aposentos. La noche aullaba ante una luna celeste, astro orgulloso de su irradiación cuyo esplendor opacaba a sus pequeños centinelas, las estrellas ardientes, conocedoras de las muertes de secretos, cumplidoras de promesas y fracasos, ellas atesoran las lágrimas incontables de aquellos que sufren la miseria de extinguirse en lentitud; sin embargo, coartados por la continuidad del murmullo de aquel bandoneón que marca el tiempo del reloj invisible en el oscuro salón. Inmiscible el amor que Francesco sentía, indivisible. El amor nos incoa en un delito, nos involucra de forma tal que Francesco no quiso iniciar, y jamás pretendió de su vida ser. Del oscuro salón el dueño no estaba; en que entraba del aire de un color místico un polvo que reposó sobre los inmubeles que incólumes permanecieron silentes. No lo mismo batallábase el corazón de Francesco, que, corrompido por un lúgubre pensar en el oscuro salón, no encontraba comodidad vital para continuar, y sin pesar alguno, el bandoneón marcó el tiempo que el reloj invisible del oscuro salón, rememorando milongas, bailes y prejuicios, indicó como 22:57. Francesco se halló en soledad en el oscuro salón, deseo que percibió con fervor y pavor a su vez, debido a su compleja inestabilidad: a su corazón que no conoce de argumentos ni discusiones y su razón que no entiende de suficiencia y felicidad. En general, Francesco posee un talante bastante irreverente, hasta iconoclasta para con su época. Precursor de un estilo poético para amar, adorador del lenguaje y de los idiomas. Su continua obsesión amohinaba su personalidad deleitante para con algunos rebeldes, cuyo goce siempre era magnánimo mas hallábase distante de un enlace deber. Así como el bandonéon necesitaba la armonía de un violonchelo, ahora que él solo también amohinaba el clima, que marca el tiempo que el reloj invisible del oscuro salón, ignorado de parejas, tormentas y música, indicó como 23:39. Francesco sintió el quiebre de las dimensiones, se descontroló la magnitud del tiempo, y el principio jamás fue principio, ni fin fue fin, pues para Francesco no importaba, porque el aire se teñía de amor y de dolor. Y su acompañante fue, por siempre, o desde ese momento, el bandoneón, que solo hacía compañía a Francesco, que, en definitiva, vivía y moría del amor. El bandoneón marcó el tiempo que el reloj invisible del oscuro salón, recordado de pasiones, desamores y traiciones, indicó como 0:00.

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