Lágrimas de cal.

por Vough

Las canciones saben inundarme y hundirme con sus versos tersos y su inherente melodía, sinfonía de mis emociones. Mis lágrimas de cal auguran un temporal; se acerca el vendaval; ya no soy inmortal. No puedo despegarme del deseo por escribir que me invade en este momento de mi historia. Suelo pensar en cuán efímeros son mis errores y mis miedos. A medida que, inerte, la pluma se desliza sobre el papel afloran mis actos fallidos y mis más ocultas verdades que me miento, me miento a mí. No soporto la presión. Es momento de mi realidad; es momento de mi verdad. ¿Llegará el ansiado día en que dejaré de escribir y me libraré y huiré y correré de la desazón y el desasosiego que me abaten en cada oportunidad que debo gritar sin aire, mediante estas letras? Lo anhelo y no. Siempre espero que, siempre, no. Siempre siembro la pesadez de mi cabeza, la oculto, y jamás cosecho. ¿En qué momento decidí equivocarme y empecé a redactar? Fútil y necio error. Gran máscara que se proyecta y disfraza tu razón y tus lágrimas. La diversión de esta fugacidad. De todo lo nulo y absorbido del destino, tan reiterativo. Un sueño tan presente que pasado mi futuro espero no decantar en mi despertar, tan trágico. Viste trajes en la tregua; tragué con fuerza al observarte, deslumbrante y con mirada recurrente. Tu proximidad me cautivaba y lograbas ponerme nervioso. Fue misterioso el desconcertante sentimiento de seguridad y placer que me dio estar tan propincuo a ti. Creo haber percibido complicidad de tu mente para mí. Me sentí inundado y me hundí en tus palabras, en tu anatomía, en tu confianza. Tu inteligencia y tus ansias de progresar, tus manos, tus ojos, tu espalda. No. Mis lágrimas de cal auguran un temporal, acérrimo. Celebro mi conocimiento de ti. Y no es confusión por ti, sino que es mi confusión; la propia narración incoherente de mi vida.

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