El amor no sabe de límites.

por Vough

Por lo que he aprendido, sólo me ha causado terminar de rodillas, hincado de cuclillas, de la forma más humillante o embarazosa. El amor no concibe treguas. No conoce de descansos. No puede entender qué es una pausa, o qué significa basta. El amor es cándido aún en el más avispado de los individuos, y no sabe ponerse pantalones o arrear un caballo. El amor es desorientador, nos cubre con un velo que nos confunde y nos perdemos quedándonos abandonados, sin brújula alguna que nos devuelva la razón. El amor nos cuenta historias, de las que nos imaginamos nuevos universos, que se vuelven más reales que la propia vida, o que el propio acto de pensar. El amor no sabe de barreras, no entiende de límites. El amor no comprende el pudor. El amor es desvergonzado. El amor no conoce de países ni culturas, y no le interesa dejar de ser negligente. El amor es contundente y fatuo a la vez; que personalmente considero antitético a la conciencia y lucidez de la persona. El amor nos rebaja de nivel, porque nos devuelve a un nivel primitivo de instintos pasionales del que no existe solución ni escape. El amor nos derrumba; y aún así construye más que nada. El amor batalla en las guerras, y nunca se da por vencido hasta salir victorioso, con pecho orgulloso. El amor nos determina ritmos temporales, en que la propia realización del tiempo se reduce a un ínfimo aspecto vital; en que aproximarse a la muerte deja de importar, porque sí sabe que todo es producto de la propia fuente de preocupaciones. El amor es narcisista, y se prioriza ante cualquier aspecto de la vida cotidiana, se prioriza antes de comer, antes de dormir, antes de trabajar, antes de estudiar, antes de preocuparse, antes de pensar; sabe que siempre, primero, antes es amar. El amor no comprende de sueños, ni de metas u objetivos. El amor no se interesa por tu felicidad, por tu alegría, por tus lágrimas o por tu risa. El amor no entiende de complejidad, porque sabe que todo es muy simple, y también sabe que es el más simple. El amor es inocente: tanto que, sin quererlo, es despiadado. El amor no sabe de pavor, no sabe de temores, no sabe de júbilo, no sabe de relajación, no sabe de satisfacción, no sabe de comedia, no sabe de tristeza, no sabe de rabias, no sabe de tu familia, no sabe de tus amigos. El amor no sabe ni tu nombre. Pero el amor sí sabe el nombre del amor por quien tú lo sientes. El amor no sabe de límites.

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