El inconsciente.

por Vough

Siento el paso de una concausa, de una mujer, cuyo diálogo, cuya mirada me sustrae del momento en que me concentro en mi respiro. Cuyos aspectos y encantos se encargan de perfumarme la nariz y hechizarme bajo su cintura. Cuya existencia no conozco, por tanto desconozco si conozco lo que les he hecho conocer desde el comienzo. Solo la mera fantasía pueril me queda, y nada he hecho aún, mas no sé qué más no podría hacer; me limité a todo y jamás actué como pensé que llegué a actuar una vez: solo una fantasía pueril. El whisky de un irlandés, la belleza de una dama, la felicidad y el absurdo de mi propia redacción. Qué tortura.

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