Resoluciones.

por Vough

Abúlico y complicado. Días fúnebres dentro de mí. Desearía fuera más sencillo, mas no lo es, fortuitamente. ¿Qué será de mí? ¿Qué será de lo que siento? ¿Qué será de esa persona, incognoscible aún, que quiero tanto, y, al mismo tiempo, no existe?
Me cuestiono mis capacidades, mis renombradas virtudes (no por mí; me lo dicen), mis seudo-habilidades poco desarrolladas, por eso «seudo».
¿Por qué guardo tanto amor? ¿Por qué me cuesta tanto demostrarlo? ¿Por qué no puedo liberarlo, redimirme de él, dejarlo escapar? Agoniza prorrumpiendo alaridos de desesperación, despavoridamente se lamenta: prefiere la muerte antes que continuar en esta suerte. Curioso que muerte y suerte sean palabras casi hermanas.
Amor que se condensa en la piel y no se esfuma, queda impregnada en ella, y se afirma y duele, y vuelve a ingresar, para reiniciar su martirio hasta lo profundo, bien hondo.
¿Por qué continuar, si sólo parece que los días me amanecerán igual de monótonos? ¿Qué sentido encontraré para avanzar, si nada, específicamente nadie, aparece para revolver mi vida, sazonarla de locura, y reconstruir aquellos ladrillos que estaban hechos de bruma?, o niebla; no estoy muy seguro, no era muy estable, me acuerdo, eso sí.
Distancia que me separa de la realidad, mi imaginación persigue sueños que son demasiado irreproducibles por su carácter utópico. Y eso que sólo ruego amor.
Es difícil, se presenta complicado el desafío, y, de por sí, yo mismo lo complico. Soy yo quien me bloqueo, no me presto, porque quiero lo perfecto. Quiero aquello definitivo que me provoque la felicidad inmensa de mi objetivo en vida. Quiero la certeza de todo mi destino, del final de mi ciclo vital, a mis tempranos, y todavía sin cumplir, dieciocho años.
Créanme loco, sé que es así. Pero mi corazón no reprime otra cuestión. Sólo ésta se me presenta como tal, y no puedo contradecirlo por más que yo mismo me cuestiones sobre el carácter trascendental de lo que dentro de mí siento. Es tan complejo, es tan difícil de comprender aún con las palabras plasmadas. Qué feo es no poder comprender por qué se complejiza todo al llegar a un momento decisivo en la vida.
La vida en sí es absurda, y si la felicidad y lo absurdo son hijas de la misma tierra (dicho por el escritor de lengua francesa). Quiero hacer el ridículo para alcanzar lo que más anhelo. Pero esto no es sorprendente, ni me caracteriza como escritor decir estas cosas, creo que pasa por otro lado. Y justamente ese lado es el más intrínseco y abstracto de uno mismo.
Qué difícil es.

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