Reconocimiento.

por Vough

Cuánta locura, cuánto tiempo malgastado por una tontería. Cuánta dedicación para algo tan fútil, para algo que no lo valía.

Qué triste es darse cuenta ahora, después de haberle entregado tu cetro y tu trono, después de haber dejádote gobernar por quién sólo quiso usarte.

Es triste, porque amor sentía, bueno, quizá no, amor no, pero el aprecio más grande jamás sentido hacia otra persona antes. Y fue amasado y tirado como una simple bola de papel, sin utilidad, estúpido y frágil.

Cómo dejé que ésto sucediese. No lo sé, obnubilado estaba, evidentemente, mi sola pasión no dejó que lo visualizase antes. No me pude percatar de todo el daño que nos provocábamos mutuamente.

De todas formas, la reciprocidad con la que nos lastimábamos y dejábamos de querer fue bastante notoria, casi que pactada, acordada, predicha y extraña. Casi como si el destino hubiese sido tejido por aquellas feas parcas, hilando fino para que aquello ocurriese, y ambos lo supimos, a pesar que nos hicimos los estúpidos.

Río y lloro (Ya no), me consolo cantando canciones, quedándome hasta tarde despierto y pensando variadas situaciones en las que te hablo, en las que me comprendés, en las que se soluciona todo nuevamente, en las que continuamos juntos, adelante.

Obviando que sé que éso jamás pasará. porque no tengo el coraje, ni continúa encendida la llama para volver a tratar, pasó tanto tiempo ya, tantos días pasé, no siento nada. Nada. Absolutamente nada.

Pero igual me cuestiono, me pregunto, por qué tanta importancia te di, cuando no percaté que ya no me querías, si fue así alguna vez el caso y no sólo utilizábasme. Cómo no me respetaste, cómo no me tuviste en cuenta nunca, y jamás fuiste capaz de pedirme perdón. Me sentí tan destrozado después de éso. Me volvés loco. En sueños, cada cierto tiempo, seguís amonestándome, casi adrede pareciese, porque yo realmente dejé de sentir por vos todas aquellas cosas que, parece, permanecieron en algún recoveco, en aquel cenicero e que se apagan mis fuegos internos, intrínsecos a mi espíritu; y parece reavivarse sólo en esos momentos, cuando menos quiero pensar, y sólo descansar es mi meta.

Tildarán de loco a quien escribe, pero, por todo lo que pasé, por lo que viví, sé que no debo permitírselo aunque me carcoma la mente de las ganas, me tildarán de loco porque me tomo la molestia de escribir ésto, tan sin utilidad, tan como esa tontería. Tan así. Y lo acepto, mi único desahogo es escribir; el sólo amor que deseo sentir ahora es hacia la escritura, qué pasión emánase de mi cuerpo, me siento pleno. Gracias por el espacio.

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