Todos dicen que es fútil; sé que no lo es.

por Vough

Marginado, solo, sólo aguardando el blanco resplandor en tus ojos aparecer por detrás de aquella puerta entreabierta, que dejaba susurrar el resoplido del viento a las tres y media de la madrugada, resoplido que recordábame al de tus labios al dorso de mi oreja derecha, labios rojos.
Parsimoniosos todos los seres cobijados bajo el abrigo de la luz lunar, reposando sus creativas cabecitas; menos parsimonia recibía yo, al seguir la idea pululante perturbando el silencio perfecto de una noche deslumbrante.
Ésa resonó con insistencia por horas, queriéndote ver, queriendo tocar tu aterciopelada piel, cual perfecta seda arábiga, inmaculada. Inmóvil permanecía, anhelando que esa idea se apagase y dejárame descansar, sabiendo que la próxima madrugada volvería a enturbiar mi descanso.
No soportábame, levanteme y fuime hasta el baño, laveme la cara y mireme al espejo. Vime destrozado, ojos profundos, vacíos, sin matices, mis manos se veían envejecidas, pero quizá las veía así por mis ojos sedientos de «quererte ver».
Volvime al lecho, recosteme tapándome con la sábana únicamente, mi único consuelo fue recordar aquella foto que vi después de acordarme que teníala guardada al fondo del cajón, la vi, lagrimeé, mojé el raído cartón, la guardé, y tomé 4, 5 o 6 de esas pastillas que sirven para «dormir». Dormir no quería. Dormir no quiero. Y aún persistiendo, en el sueño enloquecíasme, imágenes tan dulces y agrias al mismísimo tiempo; tanto ardor hubo en el sueño, corruptible a todos mis sentidos, que recordarlo me cuesta lo poco que me cuesta amarte, bien nítido, bien sentido.
Quisiera explayarme más, mas es difícil. Todo el amor que pudo sentir Helena por Paris, Dido por Eneas, María por Dios, no es comparable con lo que siento hacia vos, según así lo siento, y perdónenme por poca modestia, pero el amor es más grande que cualquiera de aquellos que no supieron apreciarlo sobre mi integridad.
Corazones que tuvieron que nacer fundidos, debieron ser sólo uno, pero no lo quiso así aquello superior a nuestra existencia, pero permitió que nuestros ardores se juntaran, y se complementaran.
Aunque ahora es todo frío, siéntome gélido, y si tu ardor complementaba el mío, desfallezco al sólo vislumbrar tras mi imaginación, cómo sentirase el tuyo en este instante. Estoy tan frío. Muerte fría, duelo frío.

Para Valentín.

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